19 marzo 2012

Al servicio de las Fallas

Desde siempre se ha sabido, y así se ha contado, que la música es indispensable para la fiesta. Y en particular para las Fallas. Pero ahora no basta con decir la música, hay que hablar de músicas. El espectacular escenario en el que está convertida la ciudad presenta las calles de Valencia como improvisados auditorios donde la fusión de ritmos es una realidad.
Bandas, charangas y grupos de jóvenes músicos que ofrecen ritmos africanos, cubanos o brasileños pueden aparecer de repente en cualquier esquina del área más candente de la fiesta convirtiéndose en uno más de los innumerables alicientes falleros.
«Somos de Crevillent y es la primera vez que venimos a tocar en Fallas». Son palabras de Miguel Ángel, uno de los jóvenes componentes del grupo Berimbao Percussió de la localidad alicantina. No son profesionales, pero les gusta la música y han aprendido a interpretar ritmos brasileños y africanos.
Al mediodía de ayer se instalaron con sus tambores en la calle Marqués de Sotelo. El trepidante ritmo que imprimieron con los palillos sobre el cuero consigue congregar a un buen grupo de público que responde con palmas y donativos a la batucada de los jóvenes.
A escasa distancia del lugar donde los intérpretes de Crevillent presentaron su espectáculo, los componentes de una banda de música acompañaban a su comisión fallera a ritmo de pasodoble. Las notas que salían del metal imprimieron a la calle un inconfundible sonido, distinto al anterior, pero para gloria de la misma fiesta. Y muy cerca se escuchó otra batucada.
Junto a la plaza de toros se situaron los componentes de Tropalotrop. ¡Qué casualidad! También estos músicos son de Crevillent. Uno de ellos, Sergio, explicó que ya llevan viniendo a Valencia cuatro años. Entre los componentes hay algunos músicos, aunque no todos son percusionistas. «La cosa está tan mal...» que las grandes fiestas se convierten en un buen «escaparate» para buscar oportunidades.
«Fusión africana y ritmos caribeños» es su apuesta. Los viandantes detenidos para oírles pronto se contagiaron del ritmo. Bailaban y hasta canturreaban la letra que Sergio entonó. En algunos momentos la musical fiesta de Tropalotrop se fundió con la algarabía de los vítores y aplausos que llegaban a la calle desde el coso taurino donde a esa hora se celebraba el concurso de recortadores.
Las calles estaban cada vez más llenas. Turistas y locales iban llegando al centro en busca de la mascletà. Muchos venían o iban hacia la plaza de la Virgen, quizás a visitar el gran monumento de la ofrenda. Y de camino, en la plaza de la Reina, otra batucada. Combe Capelle es el nombre del grupo que se instaló delante de la catedral. Son de Valencia. No son músicos, pero para ellos interpretar con destreza ritmos africanos, brasileños o cubanos «es una afición gratificante».
Entre los componentes, uno vestía el traje de una banda de música. No tuvo tiempo de cambiarse de ropa y después de acompañar a una comisión fallera como miembro de una charanga formada por músicos de la banda de Villar del Arzobispo se unió a Combe Capelle. Vivo ejemplo de la fusión: músico de banda que junto a otros formó una charanga y el tiempo que le queda libre lo dedica a la batucada.

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